Contraportada
Todas las mañanas, en los años de mi preadolescencia, me despertaba herido de muerte, con un sentimiento de culpa que me hacía empapar la cama de sudor. Porque la víspera me había masturbado y yo quería borrar aquella sensación. No podía evitar que la mujer se apareciera delante de mí antes de conciliar el sueño. Cualquier mujer que ese día hubiera contemplado así fuera fugazmente: mi hermana, la maestra, la criada, una vecina... Ahí estaba: desnuda, con sus enormes tetas al aire -en mi imaginación todas tenían tetas gigantescas.
Desde entonces la mujer ha representado para mí una dualidad contradictoria e insondable, algo eternamente prohibido y sin embargo siempre a la mano. Como una fruta que yo pudiera tomar en el momento que quisiera y saciar así mi sed y mi hambre, aun a sabiendas de que habría de producirme un daño atroz.
Los presentes ejercicios escriturales que integran este libro no son más que vanos intentos por explicarme la naturaleza femenina. Carecen de la menor pretensión literaria. Así deben tomarse.
Diciembre del 2001
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Eusebio Ruvalcaba.
Amaranta o el Corazón de la Noche. México, DAGA Editores, 2000. 104pp. Contenido: Las crónicas: 26 variaciones sobre un mismo tema. Angélica. Brenda. Cynthia. Dora. Eva. Fernanda. Gabriela. Hortensia. Irene. Julieta. Karen. Lourdes. Maris. Nancy. Olga. Paloma. Queta. Rosa. Sonia. Tania. Ubérrima. Valentina. Wanda. Ximena. Yolanda. Zulma. La ficción: Amaranta o el corazón de la noche. |
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